El cómico asturiano Daniel Fez: «Es muy difícil hacer reír a la gente cuando tú ni siquiera estás bien»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

LA VOZ DE OVIEDO

El asturiano Daniel Fez se ha convertido en uno de los humoristas más reconocidos del panorama español
El asturiano Daniel Fez se ha convertido en uno de los humoristas más reconocidos del panorama español

Con un séquito de más de dos millones y medio de seguidores, el ovetense se ha convertido en uno de los humoristas más reconocidos del panorama español. Cuenta cómo ha sido el camino hasta llegar al éxito y confiesa cómo digiere la fama. Revela además cuánto de real tiene su personaje en redes

11 abr 2024 . Actualizado a las 09:34 h.

Decía una vez John Lennon que la vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes. Razón no le faltaba al artista inglés. Por lo general, solemos centrarnos en el futuro y nuestros problemas sin darnos cuenta de que lo importante es gozar del aquí y el ahora. A poder ser, hay que disfrutar de la vida con sentido del humor como lo hace Daniel Fez (Oviedo, 1988), quien hasta en los malos momentos ha conseguido sacar una carcajada a su séquito de seguidores. El cómico asturiano ha logrado convertirse en uno de los humoristas más reconocidos del panorama español gracias a los vídeos que cuelga en sus redes sociales, donde ironiza sobre los contenidos motivacionales, los tutoriales y aspectos como la búsqueda del amor. Cuenta cómo ha sido el camino hasta llegar al éxito y confiesa cómo digiere la fama. Revela además cuánto de real tiene su personaje en redes

—Mucha gente ha visto sus vídeos pero pocos le conocen. ¿Quién es realmente Daniel Fernández?

—Mucha gente piensa que el personaje de Daniel Fez es real, por así decirlo, en todos sus aspectos, pero realmente Daniel Fez tiene su vida. Trabajo aquí en Oviedo, en un Centro de Día, y mi forma de ser nada tiene que ver con el personaje. El personaje es un personaje.

—¿En qué momento decidió hacer este tipo de reacciones humorísticas?

—Estaba en un momento de salud complicado, veía vídeos y decía «esto merece una respuesta», porque son tantas absurdeces lo que dice la gente. Como desahogo al estado de ansiedad que tenía, empecé a hacer vídeos y al hacer reír a la gente me alegró, me sentía bien y dije «voy a continuar».

—¿Cuándo se dio cuenta de que este tipo de contenido funcionaba?

—Cuando vi que empezaba a tener muchos seguidores al día. Ahí me di cuenta de que tenía que profesionalizarme más y no subir un vídeo solo cuando me apeteciese.

—Cuenta ya con más de dos millones y medio de seguidores, ¿cómo digiere tanta fama?

—Realmente no salgo mucho de casa, entonces no me fijo si la gente me mira o no. Pero si, por ejemplo, hay alguien que me para para pedirme una foto, lo hago encantado. Yo hace tiempo con Vine, una plataforma que era de Twitter y ya la cerraron, llegué a tener bastante fama. De aquella lo llevé bien y ahora, que es como volver otra vez a ello, también.

—¿Se encuentra con mucho hater en redes sociales?

—La verdad que no me encuentro mucho hater porque que el contenido que hago es bastante blanco, así que no cabe que nadie venga a criticar ningún video.

«Esa inocencia, por así decirlo, del personaje de Daniel Fez puede ser también la mía»

—Al tener tanta repercusión en redes, ¿le da un poco de miedo decir o hacer según qué cosas?

—No, pero sí que me ha sorprendido que en Twitter cuando pongo mi opinión sobre cosas que me pasan se haga un reportaje sobre ello. Como, por ejemplo, cuando me estafó mi casero o me pusieron una multa al equivocarme a la hora de señalar la zona en la que había aparcado mi coche eléctrico, porque puse zona azul en vez de verde. Me sorprendió, porque me di cuenta que hay gente que realmente me lee y le interesa lo que digo.

—¿Cuánto de real tiene su personaje en las redes sociales?

—Las reacciones son naturales, yo no uso un guión ni estudio cómo contestar los vídeos; tampoco tengo frases. Lo que se me ocurre en cada vídeo es improvisado, todo sale en el momento. No lo grabo en varias veces, sino que es todo del tirón. Muchas respuestas de los vídeos es lo que yo diría. Esa inocencia, por así decirlo, del personaje puede ser también la mía. Pero claro, si alguien hace un videotutorial de aprender a ligar, pues obviamente no estaría en mi yo real.

—¿Uno puede ser gracioso o se nace siéndolo?

—Qué pregunta más difícil. Creo que hay gente que nace con gracia y lo que pasa es que no se da cuenta de que es graciosa y que eso luego se puede potenciar. También creo que hay gente que, sin ser graciosa, puede hacer gracia. Es como los chistes, ¿qué hace gracia, el chiste o quién lo cuenta? Muchas veces hace gracia cómo se cuenta el chiste más que el chiste en sí.

«Lo más complicado de hacer reír a la gente es hacerte reír a ti mismo»

—El humor es muy subjetivo. Lo que para unos puede ser gracioso, para otros puede resultar patético. ¿Cómo se logra ese equilibrio?

—Siempre va a haber gente que no le guste lo que haces y a otra que le encante. Hay una frase que dijo Fernando Alonso que yo siempre la tengo muy presente, y es que la gente que te sigue, que es forofa tuya, lo es por un movimiento que se da en cierto momento y luego deja de serlo. A mí me pasó muchas veces; si vuelvo a vídeos anteriores y leo los comentarios, hay gente que pone «eres un crack», «qué guay», «me encantas»... y a lo mejor entro a su perfil y ya no me sigue. Esto son como las modas, a la gente le gustas y luego ya no, pero puede que luego le vuelvas a gustar. Entonces, ¿cómo mantenerse ahí? Pues supongo que estar siempre activo, variando el contenido y no dormirse en un sola cosa, sorprender un poco a la gente.

—¿Qué es lo más complicado de hacer reír? Ha conseguido sacar una sonrisa incluso durante la pandemia...

—Lo más complicado de hacer reír a la gente es hacerte reír a ti mismo. Nos pasa a muchos cómicos, que estamos todo el rato haciendo humor, pero hay veces que no tenemos humor para nosotros mismos. Por tema de que esto es profesional, tienes que tener una constancia y una cadencia haciendo vídeos, tienes que hacerlo, estés contento o no. Si hicieses vídeos de bricolaje, pues si estás de mal humor no se nota, pero si tienes que hacer reír a alguien cuando acabas de pasar por un momento personal muy duro o estás en una situación personal dura o simplemente no te apetece reírte, pues yo creo que es lo más difícil, el hacer reir a la gente cuando tú ni siquiera estás bien.

—¿Y a usted cómo le hacen reír?

—Soy muy difícil para hacerme reír, es muy raro que me ría, porque me cuesta muchísimo hacerlo. La última vez que me reí y lo hice dándome cuenta fue viendo a Juan Dávila en directo.

«Hay que saber relativizar las cosas y tomárelas con el máximo humor que puedas, intentar encajarlo lo mejor posible»

—Está triunfando sobre el escenario con La Vida Regulinchi. ¿Cómo definiría el espectáculo? ¿Qué se va a encontrar el espectador?

—Es lo que ven en redes sociales. Sería un poquito la historia del personaje de Daniel Fez, de cómo nació todo, reacciona a vídeo tutoriales en directo, improvisa con el público y cuenta un poco como es la vida de influencer regulinchi.

—Llevará este show al Teatro Filarmónica de Oviedo el próximo 15 de junio. Imagino que con ganas de reencontrarte con el público asturiano…

—Ostras, muchísimas. Es que además me gusta muchísimo venir aquí a Oviedo, así que yo encantado.

—Con la ayuda del comediante Javi Sancho parodia en el Maemía, el podcast regulinchi la autoayuda y el coaching. ¿Cómo puede el humor convertir las miserias en purpurina? ¿Por qué es tan importante tomarse la vida con humor?

—Porque la vida es bastante difícil. Como dice un amigo mío, la vida es como el tetris. Las soluciones se van, los problemas se acumulan y una barra da mucha ayuda. Entonces, hay que saber ver que hay más problemas que soluciones. Como dice el refrán: «si tiene arreglo se arreglará y si no lo tiene, arreglado está». Hay que saber relativizar las cosas y tomártelas con el máximo humor que puedas, intentar encajarlo lo mejor posible. Toda esta generación que te soluciona los problemas con un vídeo tutorial, pues es un poquito de vamos a reírnos de las desgracias, de que las cosas no son tan fáciles ni tan absurdamente solucionables con tres tips genéricos para todo el mundo, porque cada uno es diferente.

—Es un pódcast en el que hay mucha improvisación. ¿Hay realmente algo preparado?

—Durante el pódcast tenemos unas tabletas delante en las que normalmente tenemos ahí el guion que haces un mes o dos antes del programa. Luego, los 16 programas de la temporada los grabamos en tres días. Entonces, tenemos delante el guion, pero no nos acordamos de él; a veces echamos un vistazo para ver qué es lo que viene y pone «hablar de mudanzas» y todo lo que hablamos sí que es improvisado. Por tanto, el 90 % del pódcast es improvisación en base a unos temas que tenemos más o menos programados, pero hay temas que ni siquiera llegamos a tocar. Hay guiones que nos hemos cargado y no hemos hecho nada.

—Podríamos decir que están durante tres días seguidos improvisando...

—Sí, yo me voy de Asturias a las seis de la mañana, cojo el vuelo para llegar allí a las once, comemos y empezamos a grabar hasta las siete de la tarde. Y los dos días siguientes también grabamos hasta las siete los 16 programas.

«La creatividad es bastante jodida, no es ponerse delante de la cámara del móvil, grabar y ya está»

—Ha dado ya el salto al mundo del cine con la comedia Me he hecho viral. ¿Cómo ha sido interpretar a Manu, un gamer frustrado?

—Fue bastante fácil, porque es un personaje que se asemeja bastante al Daniel Fez de internet. No me costó mucho la interpretación, pero sí que me costó el salto de creer que yo tenía el síndrome del impostor, porque tener que hacer una película al lado de personas tan importantes como Blanca Suárez, Enric Auquer, Miguel Rellán o Jorge Coira como director, que es un director de éxito. Yo estaba ahí y decía: «¿quién soy yo para hacer esto». Fui a Chos, que es una especie de coach, también es actriz y hace castings, y le dije: «mira, yo tengo una película y no sé qué hacer». Ella me quitó ese miedo a actuar y gracias a ella, pues me salió la película como me salió, natural.

—Sorprende que diga que le dio miedo actuar, porque ya hizo espectáculos con público

—Sí, pero claro, los vídeos los grabo y los edito yo. Si hay algo que no me gusta o lo hago en un tono muy raro, lo vuelvo a grabar. Pero en el cine está el hecho de que tienes 30 personas, que tardan a lo mejor media hora en prepararse para grabar una escena de 30 segundos y si tú al segundo 29 te equivocas y tienes que volver a grabar otra vez la escena, esas 30 y pico personas tienen que volver a ponerse en la misma posición y volver a preparar todo otra vez. Entonces, piensas, hay 30 y pico personas que llevan aquí desde las seis de la mañana, porque el actor entra más tarde pero los técnicos entran más temprano, preparando todo para que yo en 29 segundos le diga «todo bien» y el director diga «corten», porque ha salido todo bien. Es la presión de hacerlo bien por el equipo técnico y para que también quede bien en pantalla. Además, aquí no puedes decir «déjame repetir porque he vocalizado mal», sino que tienes que hacerlo a la primera todo bien.

—¿Le gustaría seguir interpretando a algún otro personaje?

—Sí, yo por mí encantado. De hecho, ya grabé una serie con Dani de la Orden que es un director bastante guay para Antena 3. Saldrá ahora en estas fechas y se llama Muerte. Yo interpreto un personaje que es un psicólogo, amigo del protagonista al que se le detecta un cáncer terminal y entonces él como está en las últimas etapas de su vida quiere disfrutar; yo soy un compañero suyo de trabajo. Salgo en un capítulo y pico.

—¿Cómo consigue compaginar su profesión con crear contenido?

—La creatividad es bastante jodida; no es ponerse delante de la cámara del móvil, grabar y ya está. Me compagino bastante guay teniendo las mañanas libres para poder grabar y gestionar las redes sociales y luego desde la una de la tarde hasta casi el final del día pues me dedico a trabajar en la otra empresa.

«Sé lo que es sentirse bien cuando estás mal»

—Por último, ¿alguna anécdota sobre los escenarios o algún comentario de algún seguidor que te haya marcado?

—En los shows me mola mucho que venga todo tipo de gente a verme, desde peques de 12 años hasta mayores de casi 70. También me llena que elijan mi show para, por ejemplo, despedidas de soltero o en días únicos en la vida para venir a verme. En cuanto a los comentarios de seguidores, los que especialmente me marcan son los que me escriben para decirme que tienen depresión o un trastorno de ansiedad y el ver mis vídeos les saca de ese pozo durante un momento, que soy como su rayito de luz. Eso me llena mucho.

—Este tipo de contenido en un principio le ayudaron personalmente y ahora usted ayuda a que otras personas se encuentren mejor anímicamente.

—Sí y eso me llena por dos. Yo he sentido en mis carnes que el contenido me aliviaba cuando estaba mal y buscaba distraer la mente con una serie o algo por el estilo, si es con humor mucho mejor porque el humor alimenta el alma, y sabiendo lo que me ha pasado es como un por dos. Animar a otros me hace bien y además me siento realizado porque yo sé lo que es sentirse bien cuando estás mal.

—¿Qué consejo le daría a alguien que empieza a crear contenido en tono de humor o se adentre en la comedia?

—El primer consejo que me dieron a mí, que fue por parte de Agustín Jiménez, el cómico, es busca a tu personaje, tu payaso, la persona que te haga encajar con los demás. Muchas veces hay cosas que nos gustan, pero no son nuestras, entonces hay que hacerlas nuestras, que es lo más dificil. También hay que ser constante, aunque las cosas no lleguen al principio, si eres constante y luchas al final todo llega. Ibai Llanos es un caso ejemplar. Estuvo haciendo y grabando vídeos, narrando partidas del Counter-Strike durante cinco o seis años y no lo conocía nadie; de repente, un día empezó a viralizarse y mira ahora dónde está. A The Grefg o El Rubius también les pasó igual, hacían vídeos y no los veía nadie, pero llegó un momento en el que empezaron a verlos y eso fue después de cinco años haciendo contenido sin rendirse. Yo, por ejemplo, cuando terminó la etapa de Vine, todo el mundo se fue a Instagram; yo no lo hice y perdí toda la fama que tenía. Estuve intentándolo durante siete años y al final lo conseguí.

—No perdió la ilusión.

—No, la constancia, el sacrificio o el esfuerzo, mejor dicho, es lo que consigue que algo pueda funcionar en redes.